jueves, 24 de abril de 2008

¿Violencia escolar o violencia social?


No hay violencia escolar: hay una violencia que hunde sus raíces en la intolerancia creciente de una sociedad que hace que la diferencia y que el otro sean vistos, cada vez más, como obstáculos o enemigos. Así lo indican especialistas que no encuentran razones para segmentar un fenómeno que se expresa del mismo modo en una agresión entre alumnos, en una tragedia vial desencadenada por una negligencia o en una mujer golpeada en la intimidad de su hogar, que subrayan la dificultad que distintos actores sociales tiene para tomar cartas en un asunto que coinciden en creer responsabilidad de otros.



Todos los días asistimos al espectáculo de la violencia que nos presentan los medios: chicos que golpean a otros chicos, madres que golpean a la maestra, padres que golpean a la mujer, negligentes que ocasionan muertes por ahorrarse unos pesos, políticos que incitan a la violencia fomentando oposiciones para defender su (indefendible) accionar público, corrupción en todas las esferas públicas y privadas amparadas en la impunidad y en la injusticia, desamparo y sensación de desesperanza...
La violencia escolar es un ejemplo de la violencia social que los medios reflejan y fomentan, pero sobre todo es la resultante de la crisis de representación de las instituciones sociales básicas: la Familia, la Escuela, la Iglesia ya no son el lugar de identificación, el ejemplo a seguir por los jóvenes, el espacio de enseñanza de los valores, la moral y la ética, lo que está bien y lo que está mal.
Padres que no quieren repetir antiguas situaciones de represión y autoritarismo adulto, que no quieren verse a sí mismos como "adultos antiguos y represores",terminan tratando a sus hijos como "amigos", sin límites, sin ejemplos claros, dejándolos librados a una libertad que no saben manejar.
Escuelas desorientadas ante los cambios vertiginosos que las han dejado desactualizadas y desamparadas, de frente a una realidad que les exige educación de calidad, además de actuar de asistentes sociales, padres, psicólogos, mediadores y administradores eficaces de un paupérrimo presupuesto.
Las distintas religiones, por su parte, propiciando divisiones en lugar de proponer encuentros, individualismo en lugar de soluciones colectivas, aislamiento antes que integración y compromiso.
Es una realidad compleja de la que somos parte y responsables todos, en mayor o menor medida. Es un momento histórico que nos exige reflexión y compromiso: no cerrarnos en posturas extremas ("todo pasado fue mejor" o "el presente es inevitable e irreversible"), integrar las nuevas miradas, pero también rescatar lo bueno que había antes.
Los valores morales y éticos, lo que está bien y lo que está mal básicamente, son más o menos los mismos en todos lados. En Oriente y Occidente, en el Norte y el Sur, hay personas que respetan la vida de los otros, que son solidarios, que se comprometen, que saben que el hambre está mal, que pueden apreciar una injusticia, que basan su accionar en el amor y el respeto, que se esfuerzan día a día por crecer y mejorar, que eligen el diálogo antes que el grito irracional...
Cada uno de nosotros estamos en condiciones de hacer una lista básica de valores a rescatar para mejorar la realidad en que vivimos y ponerlos en práctica, desarrollar nuestra vida en torno a ellos y transmitírselos a nuestros hijos, a nuestros alumnos, a nuestros vecinos...
Lo importante es rescatar el valor del ejemplo, siempre actuar de acuerdo a esos valores, sin andar imponiéndonos excepciones o justificando actitudes que no se condicen con ellos. Es cuestión de empezar a cambiar al mundo por uno mismo y por nuestro entorno inmediato, aportar un granito de arena, hacernos responsables ...


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