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martes, 13 de octubre de 2009

La discusión aún no terminó

Sergio Caletti
Para LA NACION

Ni el oficialismo ni la oposición han sabido señalar qué poco automática puede ser la relación entre la sanción de la nueva ley de medios y la modificación sustantiva del escenario "massmediático". Ambos han jugado, con sentidos opuestos, al "mañana todo puede ser distinto", cuando en rigor varios aspectos lo hacen más que improbable.

En primer lugar, hay factores de tiempo hasta que la autoridad de aplicación se constituya (su propio reglamento incluido, a partir de lo cual comenzará a correr el año plazo de desinversión) y hasta que el proceso de concurso y de licitaciones que derive de la incorporación de las tecnologías se complete. Es muy probable que las elecciones presidenciales hayan quedado atrás. Pero no sólo eso. La transformación del universo "massmediático" requerirá que los grandes medios se inclinen por dejar la mentira lisa y llana a un lado, en honor al derecho ciudadano elemental a una información veraz. Y desafortunadamente, esa transformación no tiene plazos.

Quien haya seguido el debate no requiere más ejemplos para concluir que los grandes medios han transpuesto un límite ético como nunca antes en la Argentina, haciendo de la falacia, la distorsión, el sesgo y la agitación de fantasmas las constantes de su labor informativa.

Hay, en este sentido, un tenue rayo de esperanza. La historia enseña que, en ocasiones, hay fronteras de las que no se regresa. No es inverosímil pensar que en futuros sondeos de opinión, de esos que miden la credibilidad, la de los grandes medios haya quedado gravemente mellada. Los más inteligentes entre ellos deberán entonces enfrentar la inusual revolución de sus códigos profesionales, el regreso a deontologías abandonadas, y no porque los obligue la ley sino en defensa del propio negocio. De lo contrario, será muy difícil que puedan alguna vez volver a ser fiscales de nadie.

El autor es profesor titular de Facultad de Ciencias Sociales de la UBA

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1185621


lunes, 14 de septiembre de 2009

Muy buena argumentacion de V. H. Morales de la Ley de Medios


domingo, 30 de agosto de 2009

NUEVA LEY DE MEDIOS

Para esclarecer un poco de que se trata la nueva Ley de Servicios Audiovisuales y cuáles son los intereses que hay detrás, un completo informe publicado por Crítica del domingo:

Los grandes medios pierden 76% de sus licencias

La nueva ley de Radiodifusión partirá en mil pedazos el mapa de medios: los siete grupos más importantes del país podrían perder 276 de un total de 360 licencias que hoy tienen en su poder. Entre presiones oficiales y del fuerte lobby empresarial, esta semana se larga la discusión de la iniciativa K en el Congreso.

De aprobarse la ley tal cual está, el máximo perdedor será el Grupo Clarín, que se vería obligado a ceder 236 de las 264 licencias que el Comité Federal de Radiodifusión (Comfer) identificó en manos del multimedios. El Gobierno desarmará el negocio estratégico de la empresa que conduce Héctor Magnetto: el cable. En ese rubro, mueve 3.000 millones de pesos anuales, lo que representa la mitad de su facturación global.

(...)
Asoman como las beneficiarias del nuevo esquema las compañías de teléfono. Si bien la ley prohíbe que las empresas de servicios públicos sean licenciatarias de servicios audiovisuales, el artículo 25 inciso 2 –el “artículo de las telefónicas”– establece una excepción para Telefónica y Telecom. La española Telefónica ya le puso precio a su ingreso al mercado del triple play, es decir, a la posibilidad de vender el combo completo de telefonía, TV e internet. Pretende invertir u$s 1.700 millones para enfrentar al oligopolio Multicanal- Cablevisión-Fibertel. El plan de negocios incluye también el desprendimiento de sus actuales activos, es decir, sus nueve canales de TV de aire, entre ellos, Telefe.

A partir del nuevo tablero, habrá que readjudicar las licencias quitadas y, claro está, no podrán participar los mismos actores. Es entonces cuando desde la oposición advierten que el Gobierno terminará vendiendo los permisos a empresarios aliados y armará un espectro de medios amigos.

La Nota completa en criticadigital.com
Para consultar el actual mapa de medios argentinos: aquí


lunes, 23 de marzo de 2009

La Nueva Ley de Radiodifusion II

“¿¡Qué querés, Clarín!?”.
A partir de esta pregunta, lanzada a la tribuna por Nestor Kirchner despues de la derrota electoral de Catamarca, Jorge Fontevecchia analiza en una editorial publicada este fin de semana el proyecto de ley de Servicios de Comunicacion Social presentado por el gobierno. Con mucha claridad de concepto revisa cuales son los escenarios futuros posibles que se abren a partir de los puntos que diera a conocer CFK del anteproyecto.
Recomiendo su lectura, para ir anticipando algunos de los temas de debate que escucharemos en los proximos meses sobre este tema.


domingo, 15 de marzo de 2009

La nueva Ley de Radiodifusión

Este miércoles , en el Teatro Argentino de La Plata, la presidenta Cristina Kirchner anunciará el “Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual”.
Quiero ocuparme acá de este tema, no sólo por un interés personal, sino porque es un largo reclamo de todos los que nos dedicamos a la comunicación, hemos requerido durante años sobre la necesidad de una nueva ley de radiodifusión que reemplace a la actual, elaborada durante la dictadura, que obligue al necesario debate sobre el Derecho a la Información, sobre el accionar de los multimedios, sobre los deberes y obligaciones de quienes se dedican a la comunicación social, sobre el papel que le cabe al estado...
Un debate largamente esperado que podría, por fín, darse este año a partir del proyecto de ley que enviará el Ejecutivo al Congreso.
Jorge Lanata escribe hoy sobre esta tema en Crítica, hablando de los intereses que esconden los Kirchner detrás de este proyecto. Transcribo aquí un párrafo que, creo, expresa muy bien lo que muchos sentimos:

L’ESPRIT DE LA LOI. La Argentina tiene demasiadas leyes y no cumple ninguna. Eso sí, siempre estamos atentos a modificarlas, a actualizar su negación. ¿Quién podría estar en contra de una ley que combate los monopolios informativos? Sólo dichos monopolios, claro. El proyecto K –o, al menos, lo que se conoce hasta ahora de él– es formalmente saludable y, tal vez, demasiado conciliador. ¿Por qué 12 licencias y no cuatro, o dos, o licencias que se otorguen según el ámbito geográfico y que no puedan coincidir en una misma ciudad o región? ¿Qué pasará con internet? ¿Hay algún apartado en la ley sobre el fenómeno más democratizador de la tecnología desde la aparición de la imprenta? ¿Quién podría, de buena fe, afirmar que está mal que las iglesias, los sindicatos, las universidades, tengan sus medios de comunicación? El problema de la ley no es la ley en sí, como siempre, sino lo que nos animaremos a hacer con ella. Si el sentido es perjudicar a un grupo o posicionar a otro, la ley no tiene sentido. Sería bueno que, alguna vez, nuestros dirigentes entiendan que están de paso y actúen en consecuencia, y que sientan que el mundo no termina cuando se levantan del sillón. Esta ley bien puede empezar a hacer justicia, pero esa justicia no puede hacerse desde el rencor de una tapa o el negocio del fútbol: no puede ser tan miserable el espíritu de ninguna ley. Si “desmonopolizar” quiere decir diez radios más para Electroingeniería, un canal para Rudy, una radio para los Prim, la nueva ley de radiodifusión será una broma de mal gusto